LIMA.- El teniente coronel retirado del Ejército, Ollanta Humala, asumirá mañana como presidente del Perú para el período 2011-2016, en medio de una gran expectativa generada por las contradicciones que existen entre su ideología original de izquierda nacionalista radical y el discurso moderado que maneja ahora.
Humala, de 49 años, jurará ante el titular del Congreso, su compañero de partido Daniel Abugattás, quien además le ceñirá la banda blanquirroja que lo distinguirá como jefe de Estado.
En la ceremonia parlamentaria, estarán al menos 11 presidentes, entre ellos todos los de sudamérica con excepción del venezolano, Hugo Chávez, por sus públicos problemas de salud.
Hasta poco antes del acto, no se sabrá si asistirá el mandatario saliente, Alan García. Aunque en un principio anunció que no lo haría para evitar tensiones con los seguidores de Humala (quien lo había acusado de organizar un fraude electoral en su contra), en las últimas horas dejó abierta la posibilidad con la condición de que los líderes le aseguren que no habrá desórdenes que "mancharían la investidura presidencial".
El problema de García radica en el recuerdo de 1990, cuando al finalizar su primer mandato asistió a asunción de Alberto Fujimori, y sufrió gritos e insultos de los parlamentarios, buena parte de los cuales se retiraron del recinto en señal de desprecio. La ex parlamentaria socialcristiana, Lourdes Flores, participante en esos hechos, asegura que ahora la situación es distinta, pues el mandatario no ha hecho un Gobierno catastrófico como el primero. Para analistas, si no va sería un desaire, pues la presencia del jefe de Estado saliente se ha convertido en tradición al margen de que no haya ley que la obligue.
Más allá de esta situación, la atención de gran parte de los 28 millones de peruanos estará en el discurso del mandatario entrante, en el que debe plantear los trazos básicos de la gestión, en especial en cuanto a inclusión social.
Humala ingresó a la política con ideas radicales, parecidas a las de Chávez en Venezuela. Aunque el paso de los años moderó el discurso, algunas de sus posiciones extremas se mantenían hasta la primera vuelta electoral de este año, cuando obtuvo el 31% del apoyo. A partir de ahí, comenzó un viraje al centro que le permitió ganarle la segunda vuelta a la derechista Keiko Fujimori con el 51,5% de votos.
Las dudas que, a pesar de esos cambios, seguía generando Humala se despejaron en gran medida cuando nombró como presidente del Consejo de Ministros a un moderado, Salomón Lerner Ghitis, y entregó las carteras de Economía y Comercio Exterior a reconocidos liberales. A eso le sumó la ratificación del conservador Julio Velarde como presidente del estratégico Banco Central. Pero el futuro mandatario, quien dice que no arriará sus banderas de la justicia social, también incluyó en su gabinete a centristas y a abiertos izquierdistas, con lo que se generó un equipo al que se ha denominado "arco iris". A los analistas les preocupa como pueda funcionar esta fórmula, y anticipan que Humala y Lerner Ghitis, tendrán que hilar fino en medio de tanta heterogeneidad.
García le entregará un país con un crecimiento económico fuerte y sostenido durante una décadas, con buenas cifras macroeconómicas y claro empuje empresarial, pero en el que no se ha logrado disminuir en los porcentajes anhelados la inequidad social y la exclusión, al margen de avances en la reducción de la pobreza. Humala deberá jugar entre mantener los puntos exitosos del modelo liberal y alternarlos con políticas sociales que extiendan la base de beneficiados con el sistema. Con inversores nerviosos por un lado y un pueblo harto por el otro, el equilibrio no se vislumbra fácil.
Tras asumir, el nuevo Presidente debutará con un acto internacional cuando participe en una cumbre con sus colegas de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). Será la primera ocasión firme para mostrar su talla más allá de las fronteras peruanas. (DPA)
Humala, de 49 años, jurará ante el titular del Congreso, su compañero de partido Daniel Abugattás, quien además le ceñirá la banda blanquirroja que lo distinguirá como jefe de Estado.
En la ceremonia parlamentaria, estarán al menos 11 presidentes, entre ellos todos los de sudamérica con excepción del venezolano, Hugo Chávez, por sus públicos problemas de salud.
Hasta poco antes del acto, no se sabrá si asistirá el mandatario saliente, Alan García. Aunque en un principio anunció que no lo haría para evitar tensiones con los seguidores de Humala (quien lo había acusado de organizar un fraude electoral en su contra), en las últimas horas dejó abierta la posibilidad con la condición de que los líderes le aseguren que no habrá desórdenes que "mancharían la investidura presidencial".
El problema de García radica en el recuerdo de 1990, cuando al finalizar su primer mandato asistió a asunción de Alberto Fujimori, y sufrió gritos e insultos de los parlamentarios, buena parte de los cuales se retiraron del recinto en señal de desprecio. La ex parlamentaria socialcristiana, Lourdes Flores, participante en esos hechos, asegura que ahora la situación es distinta, pues el mandatario no ha hecho un Gobierno catastrófico como el primero. Para analistas, si no va sería un desaire, pues la presencia del jefe de Estado saliente se ha convertido en tradición al margen de que no haya ley que la obligue.
Más allá de esta situación, la atención de gran parte de los 28 millones de peruanos estará en el discurso del mandatario entrante, en el que debe plantear los trazos básicos de la gestión, en especial en cuanto a inclusión social.
Humala ingresó a la política con ideas radicales, parecidas a las de Chávez en Venezuela. Aunque el paso de los años moderó el discurso, algunas de sus posiciones extremas se mantenían hasta la primera vuelta electoral de este año, cuando obtuvo el 31% del apoyo. A partir de ahí, comenzó un viraje al centro que le permitió ganarle la segunda vuelta a la derechista Keiko Fujimori con el 51,5% de votos.
Las dudas que, a pesar de esos cambios, seguía generando Humala se despejaron en gran medida cuando nombró como presidente del Consejo de Ministros a un moderado, Salomón Lerner Ghitis, y entregó las carteras de Economía y Comercio Exterior a reconocidos liberales. A eso le sumó la ratificación del conservador Julio Velarde como presidente del estratégico Banco Central. Pero el futuro mandatario, quien dice que no arriará sus banderas de la justicia social, también incluyó en su gabinete a centristas y a abiertos izquierdistas, con lo que se generó un equipo al que se ha denominado "arco iris". A los analistas les preocupa como pueda funcionar esta fórmula, y anticipan que Humala y Lerner Ghitis, tendrán que hilar fino en medio de tanta heterogeneidad.
García le entregará un país con un crecimiento económico fuerte y sostenido durante una décadas, con buenas cifras macroeconómicas y claro empuje empresarial, pero en el que no se ha logrado disminuir en los porcentajes anhelados la inequidad social y la exclusión, al margen de avances en la reducción de la pobreza. Humala deberá jugar entre mantener los puntos exitosos del modelo liberal y alternarlos con políticas sociales que extiendan la base de beneficiados con el sistema. Con inversores nerviosos por un lado y un pueblo harto por el otro, el equilibrio no se vislumbra fácil.
Tras asumir, el nuevo Presidente debutará con un acto internacional cuando participe en una cumbre con sus colegas de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). Será la primera ocasión firme para mostrar su talla más allá de las fronteras peruanas. (DPA)
Humala, de 49 años, jurará ante el titular del Congreso, su compañero de partido Daniel Abugattás, quien además le ceñirá la banda blanquirroja que lo distinguirá como jefe de Estado.
En la ceremonia parlamentaria, estarán al menos 11 presidentes, entre ellos todos los de sudamérica con excepción del venezolano, Hugo Chávez, por sus públicos problemas de salud.
Hasta poco antes del acto, no se sabrá si asistirá el mandatario saliente, Alan García. Aunque en un principio anunció que no lo haría para evitar tensiones con los seguidores de Humala (quien lo había acusado de organizar un fraude electoral en su contra), en las últimas horas dejó abierta la posibilidad con la condición de que los líderes le aseguren que no habrá desórdenes que "mancharían la investidura presidencial".
El problema de García radica en el recuerdo de 1990, cuando al finalizar su primer mandato asistió a asunción de Alberto Fujimori, y sufrió gritos e insultos de los parlamentarios, buena parte de los cuales se retiraron del recinto en señal de desprecio. La ex parlamentaria socialcristiana, Lourdes Flores, participante en esos hechos, asegura que ahora la situación es distinta, pues el mandatario no ha hecho un Gobierno catastrófico como el primero. Para analistas, si no va sería un desaire, pues la presencia del jefe de Estado saliente se ha convertido en tradición al margen de que no haya ley que la obligue.
Más allá de esta situación, la atención de gran parte de los 28 millones de peruanos estará en el discurso del mandatario entrante, en el que debe plantear los trazos básicos de la gestión, en especial en cuanto a inclusión social.
Humala ingresó a la política con ideas radicales, parecidas a las de Chávez en Venezuela. Aunque el paso de los años moderó el discurso, algunas de sus posiciones extremas se mantenían hasta la primera vuelta electoral de este año, cuando obtuvo el 31% del apoyo. A partir de ahí, comenzó un viraje al centro que le permitió ganarle la segunda vuelta a la derechista Keiko Fujimori con el 51,5% de votos.
Las dudas que, a pesar de esos cambios, seguía generando Humala se despejaron en gran medida cuando nombró como presidente del Consejo de Ministros a un moderado, Salomón Lerner Ghitis, y entregó las carteras de Economía y Comercio Exterior a reconocidos liberales. A eso le sumó la ratificación del conservador Julio Velarde como presidente del estratégico Banco Central. Pero el futuro mandatario, quien dice que no arriará sus banderas de la justicia social, también incluyó en su gabinete a centristas y a abiertos izquierdistas, con lo que se generó un equipo al que se ha denominado "arco iris". A los analistas les preocupa como pueda funcionar esta fórmula, y anticipan que Humala y Lerner Ghitis, tendrán que hilar fino en medio de tanta heterogeneidad.
García le entregará un país con un crecimiento económico fuerte y sostenido durante una décadas, con buenas cifras macroeconómicas y claro empuje empresarial, pero en el que no se ha logrado disminuir en los porcentajes anhelados la inequidad social y la exclusión, al margen de avances en la reducción de la pobreza. Humala deberá jugar entre mantener los puntos exitosos del modelo liberal y alternarlos con políticas sociales que extiendan la base de beneficiados con el sistema. Con inversores nerviosos por un lado y un pueblo harto por el otro, el equilibrio no se vislumbra fácil.
Tras asumir, el nuevo Presidente debutará con un acto internacional cuando participe en una cumbre con sus colegas de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). Será la primera ocasión firme para mostrar su talla más allá de las fronteras peruanas. (DPA)
Humala, de 49 años, jurará ante el titular del Congreso, su compañero de partido Daniel Abugattás, quien además le ceñirá la banda blanquirroja que lo distinguirá como jefe de Estado.
En la ceremonia parlamentaria, estarán al menos 11 presidentes, entre ellos todos los de sudamérica con excepción del venezolano, Hugo Chávez, por sus públicos problemas de salud.
Hasta poco antes del acto, no se sabrá si asistirá el mandatario saliente, Alan García. Aunque en un principio anunció que no lo haría para evitar tensiones con los seguidores de Humala (quien lo había acusado de organizar un fraude electoral en su contra), en las últimas horas dejó abierta la posibilidad con la condición de que los líderes le aseguren que no habrá desórdenes que "mancharían la investidura presidencial".
El problema de García radica en el recuerdo de 1990, cuando al finalizar su primer mandato asistió a asunción de Alberto Fujimori, y sufrió gritos e insultos de los parlamentarios, buena parte de los cuales se retiraron del recinto en señal de desprecio. La ex parlamentaria socialcristiana, Lourdes Flores, participante en esos hechos, asegura que ahora la situación es distinta, pues el mandatario no ha hecho un Gobierno catastrófico como el primero. Para analistas, si no va sería un desaire, pues la presencia del jefe de Estado saliente se ha convertido en tradición al margen de que no haya ley que la obligue.
Más allá de esta situación, la atención de gran parte de los 28 millones de peruanos estará en el discurso del mandatario entrante, en el que debe plantear los trazos básicos de la gestión, en especial en cuanto a inclusión social.
Humala ingresó a la política con ideas radicales, parecidas a las de Chávez en Venezuela. Aunque el paso de los años moderó el discurso, algunas de sus posiciones extremas se mantenían hasta la primera vuelta electoral de este año, cuando obtuvo el 31% del apoyo. A partir de ahí, comenzó un viraje al centro que le permitió ganarle la segunda vuelta a la derechista Keiko Fujimori con el 51,5% de votos.
Las dudas que, a pesar de esos cambios, seguía generando Humala se despejaron en gran medida cuando nombró como presidente del Consejo de Ministros a un moderado, Salomón Lerner Ghitis, y entregó las carteras de Economía y Comercio Exterior a reconocidos liberales. A eso le sumó la ratificación del conservador Julio Velarde como presidente del estratégico Banco Central. Pero el futuro mandatario, quien dice que no arriará sus banderas de la justicia social, también incluyó en su gabinete a centristas y a abiertos izquierdistas, con lo que se generó un equipo al que se ha denominado "arco iris". A los analistas les preocupa como pueda funcionar esta fórmula, y anticipan que Humala y Lerner Ghitis, tendrán que hilar fino en medio de tanta heterogeneidad.
García le entregará un país con un crecimiento económico fuerte y sostenido durante una décadas, con buenas cifras macroeconómicas y claro empuje empresarial, pero en el que no se ha logrado disminuir en los porcentajes anhelados la inequidad social y la exclusión, al margen de avances en la reducción de la pobreza. Humala deberá jugar entre mantener los puntos exitosos del modelo liberal y alternarlos con políticas sociales que extiendan la base de beneficiados con el sistema. Con inversores nerviosos por un lado y un pueblo harto por el otro, el equilibrio no se vislumbra fácil.
Tras asumir, el nuevo Presidente debutará con un acto internacional cuando participe en una cumbre con sus colegas de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). Será la primera ocasión firme para mostrar su talla más allá de las fronteras peruanas. (DPA)
Humala, de 49 años, jurará ante el titular del Congreso, su compañero de partido Daniel Abugattás, quien además le ceñirá la banda blanquirroja que lo distinguirá como jefe de Estado.
En la ceremonia parlamentaria, estarán al menos 11 presidentes, entre ellos todos los de sudamérica con excepción del venezolano, Hugo Chávez, por sus públicos problemas de salud.
Hasta poco antes del acto, no se sabrá si asistirá el mandatario saliente, Alan García. Aunque en un principio anunció que no lo haría para evitar tensiones con los seguidores de Humala (quien lo había acusado de organizar un fraude electoral en su contra), en las últimas horas dejó abierta la posibilidad con la condición de que los líderes le aseguren que no habrá desórdenes que "mancharían la investidura presidencial".
El problema de García radica en el recuerdo de 1990, cuando al finalizar su primer mandato asistió a asunción de Alberto Fujimori, y sufrió gritos e insultos de los parlamentarios, buena parte de los cuales se retiraron del recinto en señal de desprecio. La ex parlamentaria socialcristiana, Lourdes Flores, participante en esos hechos, asegura que ahora la situación es distinta, pues el mandatario no ha hecho un Gobierno catastrófico como el primero. Para analistas, si no va sería un desaire, pues la presencia del jefe de Estado saliente se ha convertido en tradición al margen de que no haya ley que la obligue.
Más allá de esta situación, la atención de gran parte de los 28 millones de peruanos estará en el discurso del mandatario entrante, en el que debe plantear los trazos básicos de la gestión, en especial en cuanto a inclusión social.
Humala ingresó a la política con ideas radicales, parecidas a las de Chávez en Venezuela. Aunque el paso de los años moderó el discurso, algunas de sus posiciones extremas se mantenían hasta la primera vuelta electoral de este año, cuando obtuvo el 31% del apoyo. A partir de ahí, comenzó un viraje al centro que le permitió ganarle la segunda vuelta a la derechista Keiko Fujimori con el 51,5% de votos.
Las dudas que, a pesar de esos cambios, seguía generando Humala se despejaron en gran medida cuando nombró como presidente del Consejo de Ministros a un moderado, Salomón Lerner Ghitis, y entregó las carteras de Economía y Comercio Exterior a reconocidos liberales. A eso le sumó la ratificación del conservador Julio Velarde como presidente del estratégico Banco Central. Pero el futuro mandatario, quien dice que no arriará sus banderas de la justicia social, también incluyó en su gabinete a centristas y a abiertos izquierdistas, con lo que se generó un equipo al que se ha denominado "arco iris". A los analistas les preocupa como pueda funcionar esta fórmula, y anticipan que Humala y Lerner Ghitis, tendrán que hilar fino en medio de tanta heterogeneidad.
García le entregará un país con un crecimiento económico fuerte y sostenido durante una décadas, con buenas cifras macroeconómicas y claro empuje empresarial, pero en el que no se ha logrado disminuir en los porcentajes anhelados la inequidad social y la exclusión, al margen de avances en la reducción de la pobreza. Humala deberá jugar entre mantener los puntos exitosos del modelo liberal y alternarlos con políticas sociales que extiendan la base de beneficiados con el sistema. Con inversores nerviosos por un lado y un pueblo harto por el otro, el equilibrio no se vislumbra fácil.
Tras asumir, el nuevo Presidente debutará con un acto internacional cuando participe en una cumbre con sus colegas de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). Será la primera ocasión firme para mostrar su talla más allá de las fronteras peruanas. (DPA)
Humala, de 49 años, jurará ante el titular del Congreso, su compañero de partido Daniel Abugattás, quien además le ceñirá la banda blanquirroja que lo distinguirá como jefe de Estado.
En la ceremonia parlamentaria, estarán al menos 11 presidentes, entre ellos todos los de sudamérica con excepción del venezolano, Hugo Chávez, por sus públicos problemas de salud.
Hasta poco antes del acto, no se sabrá si asistirá el mandatario saliente, Alan García. Aunque en un principio anunció que no lo haría para evitar tensiones con los seguidores de Humala (quien lo había acusado de organizar un fraude electoral en su contra), en las últimas horas dejó abierta la posibilidad con la condición de que los líderes le aseguren que no habrá desórdenes que "mancharían la investidura presidencial".
El problema de García radica en el recuerdo de 1990, cuando al finalizar su primer mandato asistió a asunción de Alberto Fujimori, y sufrió gritos e insultos de los parlamentarios, buena parte de los cuales se retiraron del recinto en señal de desprecio. La ex parlamentaria socialcristiana, Lourdes Flores, participante en esos hechos, asegura que ahora la situación es distinta, pues el mandatario no ha hecho un Gobierno catastrófico como el primero. Para analistas, si no va sería un desaire, pues la presencia del jefe de Estado saliente se ha convertido en tradición al margen de que no haya ley que la obligue.
Más allá de esta situación, la atención de gran parte de los 28 millones de peruanos estará en el discurso del mandatario entrante, en el que debe plantear los trazos básicos de la gestión, en especial en cuanto a inclusión social.
Humala ingresó a la política con ideas radicales, parecidas a las de Chávez en Venezuela. Aunque el paso de los años moderó el discurso, algunas de sus posiciones extremas se mantenían hasta la primera vuelta electoral de este año, cuando obtuvo el 31% del apoyo. A partir de ahí, comenzó un viraje al centro que le permitió ganarle la segunda vuelta a la derechista Keiko Fujimori con el 51,5% de votos.
Las dudas que, a pesar de esos cambios, seguía generando Humala se despejaron en gran medida cuando nombró como presidente del Consejo de Ministros a un moderado, Salomón Lerner Ghitis, y entregó las carteras de Economía y Comercio Exterior a reconocidos liberales. A eso le sumó la ratificación del conservador Julio Velarde como presidente del estratégico Banco Central. Pero el futuro mandatario, quien dice que no arriará sus banderas de la justicia social, también incluyó en su gabinete a centristas y a abiertos izquierdistas, con lo que se generó un equipo al que se ha denominado "arco iris". A los analistas les preocupa como pueda funcionar esta fórmula, y anticipan que Humala y Lerner Ghitis, tendrán que hilar fino en medio de tanta heterogeneidad.
García le entregará un país con un crecimiento económico fuerte y sostenido durante una décadas, con buenas cifras macroeconómicas y claro empuje empresarial, pero en el que no se ha logrado disminuir en los porcentajes anhelados la inequidad social y la exclusión, al margen de avances en la reducción de la pobreza. Humala deberá jugar entre mantener los puntos exitosos del modelo liberal y alternarlos con políticas sociales que extiendan la base de beneficiados con el sistema. Con inversores nerviosos por un lado y un pueblo harto por el otro, el equilibrio no se vislumbra fácil.
Tras asumir, el nuevo Presidente debutará con un acto internacional cuando participe en una cumbre con sus colegas de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). Será la primera ocasión firme para mostrar su talla más allá de las fronteras peruanas. (DPA)